lunes, 28 de septiembre de 2020

La estética de la renuncia

La estética de la renuncia

Pocas personas debieron leer E1 mundo como voluntad y representación” de Arthur Schopenhauer cuando se publicó en Alemania en 1819. A nadie debió interesarle ese libro pesimista y terminal que no ofrece otra alternativa que el dolor o la suspensión del juicio. Y no debió interesar a nadie porque Alemania,Europa en general estaba viviendo uno de los pocos momentos de optimismo; unos pocos instantes de confianza y de seguridad de futuro que atravesó Europa en el siglo XIX.



Pocos leyeron a Schopenhauer en la primer edición de su obra, pero él, con aquel desengañado estoicismo, que le era tan peculiar, siguió escribiendo; siguió trabando su obra con apéndices, con ampliaciones, con revisiones. La segunda edición de 1844 encontró un espacio mental más propicio; se desmoronaban las antiguas esperanzas revolucionarias, se cuarteaban los ánimos de la rebeldía y se prefiguraban la sdos opciones posibles de relación con la realidad: la revolución de Marx o el soIipsismo individualista de Schopenhauer. Marx cree en la posibilidad de transformar la realidad por la acción política, Schopenhauer duda quesea posible cualquier transformación y si es posible, ¿para qué? Schopenhauer opone al optimismo materialista de Marx el pesimismo metafísico. Aquellos momentos de confianza en que se creía poder instaurar un orden justo y universal pasaron como un sueño, como un fantasma del deseo. Y el pesimismo, el escepticismo y la suspicacia fueron atenazando a Europa y la amarraron al duro banco de la melancolía, Wagner destapó el frasco del perfume letal y Baudelaire y Nietzsche lo probaron y dijeron su horror y comentaron sus efectos. Y sus efectos podían servir de lenitivo, de alivio a tanto dolor y tanta condena. Porque es una condena, para Schopenhauer, la existencia; una condena diaria y una muerte lenta. Y frente a ella sólo hay una opción, la que ofrece el arte y su contemplación; porque la moral que propugna Schopenhauer no es en absoluto realizable, puesto que no hay método posible para arrancar, de raíz el egoísmo de la subjetividad. Y este objetivo sí puede conseguir1o el arte,puesto que su contemplación os libera de los límites de nuestra propia subjetividad y puede hacer propicia la calma y la voluptuosidad. Y de todas las artes es la música la que, por su naturaleza, puede hacer posible este designio.

Interpretaciones

Esparcieron las semillas de la filosofía de Schopenhauer y fue en la Francia de la III República donde se dieron sus frutos y donde se realizósu filosofía delarte y su estética de la renuncia. Nadie escapa a la seducción esteticista desde que se publicara en 1874 “La Philosophie de Schopenhauer» de Théodule Ribot y se tradujera, en 1 880, “El mundo como voluntad y representación”. Habían de pasar más de sesenta años para que la premonotoria filosofía de Sehopenhauer encontrara el espacio mental idóneo para su recepción. Y fue glorios a su recepción, o al menos sus resultados. De Mallarmé a Valery, de Remy de Gour mont a André Gide, el pens miento de Schopenhauer se adaptó a las diversas exigencias de los postas y literatos de fin de siglo. Y cada uno de ellos interpretósegún sus obsesiones, aquel aspectode su pensamiento que mejor se avenía a la necesidad de su expresión.



De todos ellos, y de un modo sutil y casi imperceptible, Marosi Proust construyó la “Recherche du temps perdu” desde la lectura quieta y morosa de la traducción francesa de “El mundo como representación” y recogió de ella el elemento liberalizador que puede propiciar el arte. No es casual que sea una sonata, la “Sonata de Vmteuil”, la música, la que le revele la posibilidad de otros mundos; la posibilidad, al menos, de contem piar este mundo desde aquella representación que no es obra de la voluntad sino de su liberación. La ‘Recherche” puede leerse como el proceso, lento y tantas veces infructuoso, deliberarse del sometimiento de la voluntad y delas representaciones de la voluntad, que impiden ver aquella objetividad deseada, de contemplar aquella cosa que se desvanece tan sólo con la mirada y que se recoge cuando está siendo contemplada

Es apasionante la lectura de la “Recherche” desde el prisma revelador de Schopenhauer; pero el humor de Proust, que lo tiene y del que podemos participar en los breves textos de “Les plaisirs etles jours”, también recorre al filósofo y perece como burlarse de él, que también se puede, en los irónicos y sentimentales “Famille écoutant de la musique” y “Eloge de la mauvaise musique”, variaciones humorísticas sobre el tema mmical del filósofo alemán donde se describe maliciosamente que la buena y la mala música son dueto del mismo entusiasmo y d la misma liberación de la voluntad.

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